Laura Román Rivas. Investigador Ramón y Cajal. Recognized Researcher en la Universidad de Valladolid
Desde tu experiencia como investigadora en tecnología de alimentos, ¿cuáles dirías que son hoy los principales retos del sector cerealista español a lo largo de toda la cadena de valor, desde el campo hasta la industria transformadora?
En mi opinión diría que el gran desafío del sector cerealista español es lograr avanzar hacia un sector más resiliente, sostenible y orientado a la calidad. En ese sentido, considero que es importante trabajar en la mejora genética de los cultivos orientada tanto a su mayor adaptación al clima y estrés abiótico (p.ej., con más rendimiento o menor uso de insumos) como a la mejora de la calidad tecnológica del grano. Así, no solo es importante el rendimiento sino también que se mantengan parámetros funcionales del grano, para encontrar variedades más resilientes que a la vez produzcan más proteína, fuerza panadera, menor cantidad de factores antinutricionales o un almidón más funcional, más lentamente digestible o que retrograde menos. Esta calidad es esencial para mejorar la eficiencia y sostenibilidad de los procesos productivos posteriores y para el desarrollo de productos derivados con mayor valor añadido demandados por la industria transformadora y por la sociedad. Por tanto, la investigación e innovación tecnológica y una estrecha coordinación entre los distintos eslabones (empresariales, académicos e institucionales) a lo largo de la cadena de valor son claves para no solo mantener sino también mejorar la calidad y competitividad del sector en un contexto climático, regulatorio y de mercado cada vez más exigente.
En la jornada online «Los jóvenes toman las riendas de la I+D+i en el sector del cereal», que organiza la AETC 17 de febrero, se aborda la cadena de valor “del campo a la mesa”. ¿En qué puntos crees que sigue faltando una mejor conexión entre el conocimiento científico y la realidad del sector cerealista?
En línea con la pregunta anterior, creo que sigue faltando una comunicación más estrecha entre la academia y la industria en toda la cadena de valor, o al menos, así lo percibo en el sector de la industria transformadora, donde persiste una cierta desconexión entre el mundo académico y la realidad empresarial. El principal desafío no es la falta de conocimiento científico, ya que se desarrollan investigaciones de alto nivel en toda la cadena agroalimentaria, sino su integración efectiva en la toma de decisiones en el sector cerealista. Para ello, es imprescindible trabajar para conseguir una transferencia academia-industria más ágil y bidireccional, en los que las empresas se apoyen de forma activa en el conocimiento científico y en los que la investigación esté claramente orientada a dar respuesta a problemas reales y concretos del sector cerealista.
El título de la jornada pone el foco en los nuevos perfiles profesionales. Como joven investigadora, ¿qué crees que aportáis los jóvenes técnicos e investigadores al sector cerealista que marca la diferencia?
Considero que los jóvenes del sector aportamos una visión muy transversal y multidisciplinar al sector, fruto de una sólida y amplia formación académica y en un entorno cada vez más internacional y colaborativo (a la vez que competitivo), que nos permite conectar conocimiento y práctica. Haber vivido dos crisis económicas nos ha hecho resilientes y rápidos a la hora de buscar soluciones, con pensamiento crítico y siempre con el foco en que el conocimiento (en mi caso científico) que aportamos tenga un impacto real en el sector y la sociedad. Además, usamos de forma natural herramientas digitales, y nuevas tecnologías avanzadas, que son necesaria para el desarrollo y optimización de nuevos procesos y productos. Por ello, el valor de los jóvenes en el sector no está solo en las nuevas herramientas o el conocimiento científico-técnico que aportamos, sino en la forma de abordar los retos que se nos plantean, más integradora, conectada y orientada a conseguir un impacto real.
Uno de los grandes mensajes de la jornada, es la importancia de la I+D+i para el futuro del sector. Desde tu punto de vista, ¿qué habría que mejorar para que la investigación tenga un impacto más directo y real en el sector cerealista?
Para que la I+D+i tenga un impacto más directo en el sector cerealista, es fundamental acercar la investigación a las necesidades concretas de la industria agroalimentaria, estableciendo canales de comunicación que sean bidireccionales. Por ello, es clave fomentar acuerdos de colaboración academia-industria y desarrollar mecanismos de transferencia eficientes, ágiles y recíprocos, que permitan que los resultados científicos se traduzcan en mejoras concretas. Es necesario acercar la ciencia al sector empresarial, y que este no la vea como algo abstracto y lejano, sino como algo fundamental y necesario para la mejora de la calidad y competitividad del sector. La industria cerealista debe apoyarse en la investigación para impulsar su avance, y los planes estratégicos de investigación, tanto nacionales como europeos, ya respaldan este enfoque mediante convocatorias específicas de proyectos colaborativos público-privados, movilidad entre academia e industria y formación de doctorados industriales, entre otros programas. La ciencia, por tanto, está evolucionando para favorecer esta interconexión entre todos los actores, en un marco internacional, garantizando la aplicabilidad y transferencia del conocimiento a la realidad industrial y social. Sin embargo, todavía queda camino por recorrer, y el papel de las nuevas generaciones de profesionales e investigadores es clave para potenciar la labor de la ciencia, la innovación y la transferencia en el sector. Por tanto, solamente trabajando en conjunto se podrá hacer frente de forma eficaz a los nuevos desafíos que se plantean a lo largo de toda la cadena cerealista.
Mirando al futuro, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a los jóvenes profesionales que acaban de incorporarse al sector y qué papel crees que tiene la AETC, a través de su labor de formación, en este proceso?
A los jóvenes profesionales que se incorporan al sector cerealista me gustaría decirles que su formación, visión y curiosidad científica son fundamentales para impulsar la innovación y afrontar los desafíos actuales y futuros del sector. Además, les recordaría que la formación continua, la colaboración, la apertura a nuevas ideas y la internacionalización son importantes para su futuro profesional y el del sector. Y en este sentido, la AETC juega un papel clave, ya que a través de su labor de formación y actualización profesional, y de difusión y transferencia de conocimientos científico-técnicos, proporciona herramientas técnicas, espacios de intercambio de conocimiento y acercamiento a otros profesionales del sector (desde la granja a la mesa) que facilitan la integración de los nuevos profesionales en la industria cerealista y fomentan su capacidad para contribuir a su desarrollo, innovación y transferencia tecnológica.

