El pan es un alimento básico para gran parte de la población mundial. Su composición se basa en almidón (hidratos de carbono) y proteínas, con un contenido muy bajo en azúcares simples y grasas. Por eso, es habitual encontrarlo en la base de las pirámides nutricionales. Sin embargo, en los últimos años se ha demonizado el consumo de pan, e insistido en la necesidad de que, si se consume, se haga en su forma integral.

El etiquetado Nutriscore es un sistema que clasifica los alimentos en función de su calidad nutricional. Esta se muestra de manera sencilla en el etiquetado y permite al consumidor decidir antes de comprar. En la actualidad, España estudia su implantación, que ya es efectiva en otros países europeos.

Este etiquetado clasifica a los alimentos en cinco grupos (A, B, C, D y E) con cinco colores que permitan su identificación de forma clara. Los productos más saludables pertenecen al conjunto A, y los menos, al E.

El sistema Nutriscore ha sido analizado en distintos estudios científicos, especialmente en Francia. Ha demostrado ser útil para que la cesta de la compra de los consumidores tenga una mejor calidad nutricional.

En general, otorga puntos negativos si existen valores altos de calorías, azúcares, grasas saturadas y sodio. A la puntuación obtenida deben restarse los puntos obtenidos por aspectos positivos como el contenido en fibra, frutas y verduras y, en algunos casos, las proteínas.

Para comprobar cómo se adaptan las creencias al etiquetado Nutriscore, los alumnos del módulo de cereales del máster de Calidad, Desarrollo e Innovación de Alimentos de la Universidad de Valladolid han analizado 110 panes del mercado. La lista incluye barras, panes de molde, hogazas, panes tostados, panes planos y picos.

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